LA PROCESIÓN DE LOS FAROLES DE LA VIRGEN DE LA MAYOR DE SIGÜENZA

Tocan las campanas a badajo desbocado, lanzando sus tañidos a los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. Chirrían los macizos ejes de los yugos en sus bujes, con una fricción especial.

                        Testigo soy de que  las ondas sonoras se propagan varias millas en rededor del campanario y trato de distinguir sus timbres metálicos: La dorada… la de la oración… la de San Pascual Baylón… el campanillo de las flores… el campano del Coro…la campana refundida recientemente y la jubilar que sirve de fondo de la sinfonía campanil, cuya partitura está todavía por llevar al pentagrama. ¡Por Ti doblan las campanas, Virgen de la Mayor!

            Los vencejos que anidan en las cubiertas de la Catedral revolotean en torno a la torre gótica, porque intuyen que es una noche singular, todo fantasía, todo ilusión, todo magia. Efectivamente se trata de la “Procesión de los Faroles” de la Virgen de la Mayor, Patrona de Sigüenza: Cinco misterios, la cruz, la salve, el gloria, la letanía completa, las cincuenta avemarías, y sus correspondientes padrenuestros iluminan la noche seguntina con sus centelleos.

            Hace ya un trecho que la carpa cerúlea del firmamento, constelada de estrellas titilantes, ha cubierto la bella Ciudad. La Luna, engalanada de pleniluvio, compite con el derroche de iluminación: toda una gama del espectro multicolor, matizada por tonos amarillos, azules, verdes y la plenitud del rojo, hasta desvanecerse en un rosa pálido y, onda de luz a onda de luz, para inundar el cielo todo en dulces tonalidades, a cada matiz mas densos, a cada oleada más bellos.

            Primer misterio: La Resurrección del Señor.

            Cada “peña” se afana por llevar uno de los misterios. ¡Bravo por los peñistas!

            Dentro de la Catedral la trompetería del órgano lanza al aire sus mejores notas, arrancadas al teclado por manos de ángel. Creo que se trata de una composición de Bach, “el monstruo de la música religiosa”. Arpegios y acordes hacen cabriolas por las bóvedas de sus tres esbeltas naves, jugando al escondite. De vez en cuando se permiten un breve descanso para volver a empezar con nuevos bríos.

El Prelado, revestido de ricos ropajes de pontifical, preside el oficio religioso, acompañado de un obispo seguntino y de un nutrido grupo de sacerdotes, que concelebran en común.

            Segundo misterio: La Ascensión del Señor.

                        Han sido muchos los mitrados a quienes he oído loar las excelencias de la Virgen de la Mayor, desde mis tiernos años, allá en la década de los cuarenta a los cincuenta, como Muñoyerro, hasta el actual monseñor Sánchez González y nuestro paisano Asenjo Pelegrina. Otros vendrán que seguirán ensalzando sus virtudes, porque su madrinazgo es consustancial con la historia religiosa de la Ciudad.

            Decenas de fieles devotos escuchan con suma atención la homilía de la Virgen de la Mayor, porque no existe prédica más grata  en los devocionarios, para un seguntino

Tercer misterio: La Venida del Espíritu Santo.

            Dios te salve, María, bendita Tú entre todas las seguntinas y bendito el buril que Te cinceló, porque Te imprimió el carisma de la belleza de las mismas, que ya es decir.

            En su momento oportuno se enmarca la Virgen en el artístico pórtico abocinado de la fachada principal, montada en su artística carroza, ataviada con el más rico manto de su colección. El arco de medio punto sirve de aureola monumental a la bendita imagen.

            Ocho siglos de devoción Te contemplan, María, porque dicen los expertos en arte que eres románica, como la traza de la Catedral que Te cobija, cuyo suntuoso altar, el más visitado, presides.

            Faltan ojos para mirarte, Virgencita. Cientos de admiradores, que no cupieron en la Catedral, se apretujan para verte, en el amplio y hermoso atrio, esperando una sonrisa de esa cara tan simpática. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

            Ya forman filas los más de ciento veinte faroles que componen tu Rosario. ¡Bendita perspectiva de cromatismo a dos bandas! Siento envidia de los porteadores porque me recuerdan mis años mozos en los que, en plenitud de facultades físicas, llegué a llevar la pesada cruz procesional de plata que abre carrera. ¡Oh tiempos!

            Adivino, más que veo, las volutas grisáceas y azuladas del humo de las velas ascender en espirales salomónicas y desvanecerse en el aire diáfano que envuelve tu imagen, para impregnarla con la pátina de iglesia, que enriquece el arte sacro.

            Cuarto misterio: La Asunción de Nuestra Señora.

            Todo Sigüenza es una caja de resonancia que amplía tus alabanzas: Dios Te salve, María.       La banda de música de respeto entona melodías acordes con la celebración, a ritmo de marcha religiosa, con fervor y majestuosidad.

Diríase que la climatología ha querido sumarse al evento, celosa de tanta solemnidad: Noche tranquila y serena; brisa suave, que refresca el ambiente; y, para remate, varias estrellas fugaces describiendo parábolas lumínicas, allá en la lontananza del cielo: La danza de los astros en honor a la Virgen de la Mayor. ¡Es que la “Procesión de los Faroles” es mucha procesión!

Sí, todos los elementos de la Naturaleza parecen conjugarse en esta noche maravillosa, en esta noche acicalada por mano divina y perfumada por las arobias que rezuman los pinos de las proximidades: El pinar que sahúma la Ciudad con su más penetrante aroma.

Cuenta la tradición que tu imagen la trajo el legendario D. Bernardo de Agén, aquel obispo guerrero que reconquistó la Ciudad a los sarracenos en el lejano año de 1123. Dicen que la llevaba consigo en las épicas andanzas  y, agradecido, la donó a la incipiente Catedral, para prez y honra de los seguntinos. ¡Sublime acierto!

Quinto misterio: La Coronación de la Virgen María.

La juventud seguntina desfila orgu-llosa con los faroles de tu Rosario, Madre de Dios. Muchas generaciones de natura-les presumen con satisfacción de haberlo hecho, en sus años de juventud y lo comentan con sus nietos, quienes (estoy seguro) anhelan llegar a mayores para imitar al abuelo, porque procesionar con un farol de la “Procesión de la Virgen de la Mayor”, quieras que no, da carácter de naturaleza .

Muchos niños y niñas, vestidos con sus lucidos trajes de primera comunión, solemnizan el acto, portando en sus delicadas manos una vela, cual pequeños coribantes, oferentes de su más preciado don: El candor infantil.

Las ramas de los árboles ondean sus hojas con tímidos movimientos pendulares, como queriendo abanicar tu imagen, prestos a participar en la procesión.

Letanía de la Virgen: Madre de Dios… Reina de los ángeles… Auxilio de los pecadores… y toda una retahíla de piropos ideados por un místico, enamorado de Ti, desgranados, uno a uno, por todos los concurrentes, que son muchos.

                                  Los balcones engalanados con banderas nacionales rinden honores de alta jerarquía, a tu paso por las calles Serrano Sanz, San Roque, General Mola, Humilladero y Cardenal Mendoza, cuyo epónimo, “El Gran Cardenal”, motejó su escudo de armas con tu salutación celestial: AVE, MARIA. ¡Helo ahí, rendido a tus divinos pies!

  La reina y damas de las fiestas, tocadas con la típica mantilla española, dan una pincelada de belleza, cerrando la procesión, tras las jerarquías eclesiásticas y municipales.

 Digno colofón del emocionante oficio religioso es el “Salve, Reina, Madre de misericordia”, entonada por cientos de personas enfervorizadas, acompañadas por el órgano a pleno fuelle.

Poco a poco,  se van extinguiendo las luces de los faroles; enmudecen las campanas; las calles de Sigüenza se quedan solas…, taciturnas… pero impregnadas de esa unción religiosa que emana de la linda y sugestiva “Procesión de los Faroles de la Virgen de la Mayor”: Una manifestación multitudinaria que garantiza la salvaguarda de la fe, herencia de unos tiempos, no muy lejanos, en que los seguntinos se destocaban y rezaban el “Angelus”  del Mediodía: “El Ángel del Señor anunció a María. Y concibió del Espíritu Santo”

Hasta el próximo año, si Dios quiere, Virgen de la Mayor Patrona de Sigüenza.

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